«Mientras las consecuencias del virus sobre la salud son inmediatas y evidentes, las consecuencias sociales y económicas solo empiezan a ser visibles con el paso del tiempo».

Las medidas para combatir la pandemia COVID-19 generaron desde el primer momento un intenso debate sobre cómo mitigar la propagación del virus sin causar daños económicos y sociales que generaran graves problemas de salud y de otra índole a medio y largo plazo. La principal limitación de dicho debate durante este último año ha sido que, mientras las consecuencias del virus sobre la salud son inmediatas y evidentes, las consecuencias sociales y económicas solo empiezan a ser visibles con el paso del tiempo. Por suerte, junto al enorme avance científico que hemos visto en campos como la virología, la epidemiología o la salud pública, también las ciencias sociales empiezan a proporcionar información y resultados en tiempo récord que nos permiten trabajar con información sólida acerca del impacto socioeconómico de la pandemia. Un buen ejemplo de ello es la evolución de la desigualdad económica en este año repleto de restricciones, parones de la actividad y cierres temporales o definitivos de empresas.

Cuando hablamos de desigualdad económica nos referimos a las diferencias de riqueza o ingresos entre los habitantes de una población determinada. Aunque lo ocurrido en el último año puede tener efectos sobre la riqueza de las personas, el impacto más inmediato puede observarse en los ingresos. Pues bien, varios estudios y estadísticas recientes ya muestran con bastante precisión cómo las curvas de contagios han tenido réplicas en el terreno económico. Así, por ejemplo, la Encuesta de Población Activa del INE muestra que durante los dos primeros trimestres de 2020 aumentaron en más de 100.000 los hogares sin ningún tipo de ingresos en España. La cifra, sin embargo, descendió bastante en la segunda mitad del año, con un ligero incremento al final del mismo. Este dato muestra el efecto económico más extremo, pero su evolución anticipa algo que hemos observado a lo largo de 2020 en España y otros países europeos: un impacto negativo muy profundo de la primera ola de la pandemia que se ha visto amortiguado más adelante a lo largo de 2020, y que, seguramente, volverá a repuntar con la segunda y tercera olas. Sin embargo, en términos históricos, su impacto es menor que el dejado por la larga crisis de la década anterior, de cuyos efectos aún no nos habíamos recuperado completamente cuando llegó la pandemia, como se muestra en la figura (en rojo el año 2020).

Fuente: Encuesta Población Activa del INE

Más allá de los datos tradicionales de seguimiento de la actividad económica, durante el último año han surgido fuentes de información muy valiosas para tener una imagen más precisa de la evolución de la desigualdad. En este sentido, el servicio de estudios de la entidad bancaria CaixaBank ha puesto en marcha un proyecto en el que, mediante técnicas de big data, analiza millones de nóminas mensualmente y, de este modo, podemos saber cómo evolucionó la desigualdad de ingresos durante los meses centrales de 2020. Como anticipaba el dato de los hogares sin ingresos, la desigualdad aumentó durante la primera mitad del año, descendiendo en el tercer trimestre y aumentando de nuevo en noviembre. Por tanto, a corto plazo las consecuencias económicas se han ido moviendo como lo ha hecho la pandemia. Pero, ¿qué podemos anticipar del largo plazo?

La evolución de la desigualdad de ingresos depende en buena medida del crecimiento económico. Según la Oficina Estadística de la Unión Europea (Eurostat) los dos momentos en los que se observó una mayor desigualdad de ingresos en España fueron los años 1995 y 2014, los años siguientes al final de las recesiones económicas de los periodos 1993-1994 y 2011-2013 (esta última que daba continuidad a la de 2008-2010). Por tanto, es probable que los niveles de desigualdad no toquen techo hasta dentro de varios años y no está claro a qué ritmo volverán a bajar, ya que apenas se habían reducido en el periodo de crecimiento 2014-2019, situando a España antes de la pandemia entre los países con una mayor desigualdad de ingresos de Europa.

¿Por qué el impacto económico de la COVID-19 ha sido mayor en las personas más vulnerables? La principal razón es que estas personas tienden a trabajar en sectores como el comercio, la hostelería o el turismo, que se han visto más afectados por los cierres y parones de actividad. Por el contrario, aquellas personas ocupadas en sectores que han podido adaptar mejor su actividad a las restricciones apenas han visto reducidos sus ingresos e incluso han incrementado su ahorro durante este año. De ahí que las cifras que vemos y que seguiremos viendo durante algunos años no hagan sino mostrar un aumento de la desigualdad.

«Un estudio acerca del efecto de la gripe de 1918 en Italia muestra que (…) los municipios donde aumentó más la desigualdad entonces siguen siendo más desiguales hoy». 

Como ha ocurrido en el ámbito de la salud, muchas de las consecuencias sobre la desigualdad económica que estamos observando son las mismas que se observaron en pandemias anteriores. Por ejemplo, un estudio acerca del efecto de la gripe de 1918 en Italia muestra que se produjo un aumento de la desigualdad de un orden no muy distinto al que estamos observando en la actualidad, y precisamente por el mismo motivo: por la pérdida de ingresos de los hogares más vulnerables. Lo que el estudio de la gripe de 1918 nos muestra, además, es que esta tuvo efectos sobre la desigualdad que llegan hasta nuestros días, en tanto que los municipios donde aumentó más la desigualdad entonces siguen siendo más desiguales hoy. Otro estudio de los efectos de pandemias más recientes también muestra un aumento de la desigualdad moderado a corto plazo en aquellos países que las sufrieron.

En resumen, empezamos a conocer los efectos que ha tenido la pandemia COVID-19 sobre la desigualdad de ingresos en el corto plazo y podemos vislumbrar los que tendrá en el medio, dada la experiencia con crisis económicas recientes, y en el largo plazo, a través de estudios sobre pandemias anteriores. La esperanza es que, con esta información y los recursos con los que contamos en la actualidad, seamos capaces de frenar la escalada de la desigualdad para prevenir sus consecuencias económicas, sociales y políticas más dañinas. Por suerte, al contrario que en otros momentos históricos, la ciencia actual nos ofrece datos y análisis que nos permiten anticipar las consecuencias de la pandemia de un modo que era impensable no ya hace un siglo, sino incluso hace pocos años. Confiemos en que, como ha ocurrido en el plano de la salud, también la ciencia aporte su grano de arena en la solución de los problemas económicos y sociales que se avecinan.

Luis Miller

Científico Titular IPP-CSIC