A menudo, en el origen de importantes acontecimientos y hechos confluyen personas de especial carisma, determinadas circunstancias y, por supuesto, un “poco de mucha” suerte. Este es el caso del Parque de Rescate de la Fauna Sahariana (PRFS), actualmente nominado finca experimental La Hoya, creado Almería en 1975 y dependiente del instituto que el CSIC tiene es esta ciudad, la Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA); por aquella época la EEZA todavía conservaba el nombre original con el que fue creado, Instituto de Aclimatación (IA).

La Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA). Foto: Teresa Abáigar

Las personas que impulsaron y pilotaron este proyecto en los primeros años fueron el profesor José Antonio Valverde (sobre todo reconocido por su papel en la creación del Parque Nacional de Doñana y la Estación Biológica del mismo nombre (EBD-CSIC), y Antonio Cano, conservador del museo del IA. Del profesor Valverde se sabe casi todo (ver sus memorias) pero destacaré que los años pasados en el IA, los viajes que en esos años (mediados-finales de los 50 y principios de los 60 del siglo XX) realizó al Sáhara Occidental (por entonces colonia española), así como la amistad que trabó con Antonio Cano, fueron determinantes para la creación del PRFS. El profesor Valverde percibió ya entonces que si no se hacía algo para proteger y salvar el antílope mohor (o gacela mohor, Nanger dama mhorr), esta especie emblemática y única desaparecería. Por su parte, Antonio Cano era una rara avis no solo en el IA sino en su propia ciudad. De formación abogado pero de corazón naturalista, con grandes habilidades para la fotografía y la comunicación y, sobre todo, una persona inquieta y fiel amigo. Cuando el profesor Valverde le propuso embarcarse en la arriesgada aventura del salvar el antílope mohor, no lo dudó.

José Antonio Valverde y Antonio Cano. Foto: Mar Cano

Las afortunadas circunstancias que acompañaron esta empresa fueron, por un lado, los contactos y amistades que el profesor Valverde mantenía con militares españoles en la zona y que tenían algunos ejemplares de antílope mohor en cautividad y, por otro, la existencia de una finca de 21 hectáreas (finca La Hoya), dependiente del IA, donde se llevaban a cabo investigaciones y experimentos encaminados, principalmente, a la aclimatación de especies vegetales. Estas dos circunstancias (disponibilidad de animales y de un espacio donde acogerlos) eran determinantes, pero desde luego no suficientes; tuvieron que bregar duro para conseguir apoyo y financiación para traer los animales hasta Almería, convencer al entonces director del IA (Dr. Mendizábal) para que cediera una pequeña parte de la finca y construir unos cercados. Además, y para cuando todos estos asuntos estuvieron resueltos, el 

profesor Valverde ya estaba instalado en la EBD (Sevilla) y Antonio Cano quedó al cargo de una responsabilidad difícil de aceptar: salvar los probablemente últimos ejemplares de una especie a punto de desaparecer, de los cuales nadie sabía casi nada (¿qué comen?, ¿hay que poner machos y hembras juntos?, ¿cómo se les maneja?, etc…). Pero Antonio Cano no se arredró y, con ayuda de Ramón Escamilla (¡cabrero de profesión… qué mejor para empezar!) y Marcos González (que formó parte del “cargamento”), dio comienzo esta aventura. Otra afortunada circunstancia fue que una hija de Antonio, Mar Cano, por aquel entonces estudiante de biología, se sumó inmediatamente al proyecto.

Los primeros ejemplares de mohor (un macho y seis hembras) llegaron a Almería el 14 de enero de 1971; con ellos llegaron unas pocas gacelas dorcas; esta especie era más común, pero igualmente estaba siendo cazada en exceso. Los animales se colocaron en los dos cercados que habían construido para ellos y los primeros años, de 1971 a 1975, fueron realmente difíciles. Por un lado, el IA

Los primeros ejemplares de mohor llegaron a Almería en 1971. Foto: Xiomara Cantera 

mostraba reticencias, tanto a ceder más espacio en la finca para las gacelas como a sufragar todos los gastos (en esa época contaron con ayuda de la Diputación de Almería, ADENA y otras instituciones, así como con dinero del propio Antonio Cano); por otro, la falta de conocimientos de la especie estaba produciendo una mortalidad elevada. No obstante, fue durante esa época en la que Antonio y Mar Cano, junto con Ramón y otros trabajadores de la finca, sentaron las bases de una gestión (dieta, capturas, manejo, organización social, gestión genética y demográfica) que no ha cambiado mucho en estos años.

En 1975 una circunstancia histórica afectó a la evolución de este proyecto. La marcha verde y posterior ocupación del Sáhara Occidental por parte de Marruecos, y la salida precipitada del contingente español, determinó el traslado hasta Almería del resto de antílopes mohor que habían quedado después del primer traslado en 1971, así como de otras especies animales: gacelas de cuvier y dorcas, arruí sahariano, algunas hienas, fenecos, chacales, diversas especies de aves, etc.

Fotos: Xiomara Cantera 

También fue en 1975 cuando el IA cambió tanto su nombre como su vocación investigadora: paso a llamarse Estación Experimental de Zonas Áridas (denominación actual), y a orientar su investigación a la ecología de zonas áridas; también ese año se creó el PRFS como una unidad dependiente de la EZEA y el CSIC asumió la responsabilidad completa de su gestión.

Han pasado casi 50 años desde el inicio de esta “aventura” y tanto el esfuerzo de los pioneros, como de los muchos que han trabajado y continuamos trabajado en el programa de conservación ex situ tanto del antílope mohor como de la gacela dorcas, la gacela de cuvier y el arruí sahariano, podemos sentirnos satisfechos de los logros conseguidos: a) se ha salvado de la extinción una especie (el antílope mohor), b) tenemos suficiente número de individuos de las cuatro especies de ungulados para llevar a cabo reintroducciones en sus países de origen (norte de África y Sahel), c) el conocimiento adquirido sobre diversos aspectos de la biología, ecología y comportamiento de estas especies ha sido posible gracias a la existencia del PRFS, d) la EEZA es referente mundial en la conservación de ungulados norteafricanos y mantiene una importante red de colaboraciones institucionales, tanto en los países del área de distribución de las especies como de las asociaciones internacionales implicadas en la conservación de especies (IUCN), y e) la existencia del PRFS (FEH) es pieza esencial en la vocación investigadora de la EEZA.

Algunos números y curiosidades

  • La gacela o antílope mohor es la especie de gacela más grande (60-70 kg).

 La gacela mohor. Foto: Teresa Abáigar

  • Por el contrario, la gacela dorca es la más pequeña (13-16 kg).

La gacela dorca. Foto: Teresa Abáigar

  • La gacela de cuvier es también llamada gacela de montaña o gacela del Atlas pues ocupa estas cadenas montañosas que se extienden por el norte de Marruecos, Túnez y Argelia.

La gacela de cuvier. Foto: Teresa Abáigar

  • La caza fue, y continúa siendo, la mayor amenaza para la supervivencia en libertad de estas especies.
  • El arruí es un caprino y está más emparentado con ovejas y cabras que con gacelas.

El arruí sahariano. Foto: Teresa Abáigar

  • Entre 1971 y 1975 llegaron a Almería:

gacelas mohor

gacelas dorcas

gacelas de cuvier

arruís saharianos

  • Desde entonces han nacido en cautividad:

gacelas mohor

gacelas dorcas y de cuvier

  • Se han reintroducidos gacelas mohor, dorcas y de cuvier en Senegal, Túnez y Marruecos.
  • Actualmente hay gacelas mohor repartidas en parques zoológicos de Europa, Norteamérica, la Península Arábica y Sudáfrica.

Texto: Teresa Abáigar

Fotografías: Teresa Abáigar, Xiomara Cantera y Mar Cano